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[...]La palabra escrita estampada sobre la ciudad, pero todas las palabras,
no las de fines aparentemente literarios; constituye el paisaje de topografía
de palabras.
La palabra como un tatuaje urbano.

Los graffitis son hormigas que caminan sobre la arquitectura muda, hormigas
en un desierto de cemento. Todos los escritos que vienen hacia mí
cuando levanto la vista, todo lo que “está” en la
ciudad.
Ahora por ejemplo leo: The irish rambler - callas divina - fedor - impacto
Barcelona. Levanto un papel del piso: pedido 0021571110. Sigo caminando,
salida de emergencia - José Rizal 1861-1896.
Información que va tallando nuestra mente.
Caminar por la ciudad, entender la piel. Lo háptico.
A su vez las palabras que hablan del Raval hoy traen el pasado, (o presente
elástico), no podemos habitar en otro lugar que la piel.
¿Cuál es la interacción con este tejido de palabras?
“Cézanne hablaba de la necesidad de no ver el campo de
trigo, de estar cerca de él, de perderse… un cuadro se
ve desde lejos aunque se haga desde cerca”
Estamos dentro del relieve.
Desplazarse por la ciudad sin delimitar rigurosamente un objetivo, desplazándose
un poco al azar.
Ayer seguí palabras.
Entré a observar el vencimiento de los productos, el nombre de
los quesos; vi la tipografía de etiquetas de vinos, era un paisaje.
Compré una naranja. Dije naranja. Llegué al mercadillo
del Raval, ese concierto ambulante de cosas y objetos al final de la
calle Sant Pau y ví una pila de libros.
Me agaché y antes de tomar los libros una mujer dijo: valen un
euro. Deme dos respondí.
Si llevas cuatro son tres con cincuenta.
Así fué.
Uno de los libros tenía la siguiente carta dentro.
Este es el inicio del trabajo.
Sr. Gonzalez:
Le escribo una carta para hacerle un pedido de sus maravillosas
muñecas
Quiero que me envie usted a mi casa 10000 muñecas
barbie con todos sus accesorios y 10 barriguitas.
Un saludo.
Carol. E. S
Madrid
(Ver el original en la memoria del anteproyecto)
Había llegado a la carta sólo porque
había recorrido, el paseo, la relación corporal con la
ciudad.
Observar, caminar, leerla. La relación de la piel con la forma
en que uno la recorre constituye una fricción; en esa fricción
está el hecho literario.
Atravesar la piel.
Antes que la propuesta es necesario indagar la idea de topografía
literaria: “La piel y el paseo”.
“Esta aventura del cuerpo es posible gracias a un movimiento que
convierte el cuerpo sedentario en cuerpo nómada. El protagonista
viaja sin delimitar rigurosamente un objetivo, desplazándose
un poco al azar, guiándose por sus intuiciones y caprichos”
El cuerpo literario no sabe dónde va, pero identifica capas.
¿de qué tipo de recorrido hablamos?
Cada persona es un vector, no significa medida sino dirección
pero dirección sin objetivo de llegada; de final de trayecto.
No sale de un punto para llegar a otro (casa-trabajo).
El protagonista tiene que perderse en la ciudad.
Cuando uno va a un punto determinado no se detiene en el trayecto (sólo
ve en perspectiva renacentista) y no puede entrar en la capa, en el
campo de trigo. (campo urbano)

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