corresponsalías |
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erotica del fracaso[2] |
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| Jueves 9 Salimos de Les Houches bastante temprano, impresionados a la sobra del techo de Europa. El teleférico de Bellevue nos remontó hasta el tren cremallera que nos llevaría hasta Nid d´Aigle a 2372m y desde ahí intentaríamos dormir en Le Gouter. Pero nos vimos superados por la circunstancias; el tren cremallera estaba fuera de servicio por problemas técnicos. Los seiscientos metros de desnivel que nos ahorrábamos con él, tendríamos que hacerlo a pie. Si pretendíamos llegar al final de la etapa, tendríamos que salvar 2100 metros de desnivel en un día. Evidentemente desistimos, y nos conformamos con llegar ese día hasta Tête-Rousse (3167). Un día caluroso y sin apenas contacto con la nieve, a excepción de la magnifica vista del de Bionnassay (4100). Nos fuimos pronto a dormir, allí en alta montaña hay poco que hacer una vez que el sol se pone, al no ser que te encuentres con algún argentino que te cuente sus aventuras en las nieves. Salir del refugio y ver el cielo estrellado es una experiencia única. Jamás he visto unas constelaciones tan definidas y a mis pies los diferentes pueblos ladera abajo en los alpes. Realmente me enamoró y sólo por eso merece la pena la empresa. Viernes 10 Nos levantamos los últimos; no había prisa ya que la siguiente etapa nos llevaría a Gouter, unas dos horas y media de jornada. Nos habían sugerido la idea de intentar llegar más arriba para acortar la tercera jornada, pero eso se traducía en pernoctar en el refugio-vivac del Vallot (4362). Decidimos finalmente disfrutar del día y las vistas, aclimatando tanto como pudiéramos. El único inconveniente fue la peligrosa y no menos famosa ‘Bolera', donde la caída de las piedras desprendidas por el calor al paso de los alpinistas que van por encima, te obligan a mirar hacia arriba mientras se cruza los apenas 30m de anchura del canal. Allí vimos algunas cosas sorprendentes. Los guías, grandes profesionales, destapaban el tarro de las esencias cruzando el punto crítico movil en mano y mirando al suelo. Luego estaban los grupos de histéricos que te gritaban ¡¡¡alé, alé, alé!!! Y jaleaban o gritaban para que hicieras no se sabe muy bien el qué. Todos estos ‘montañeros' iban atados, como si de esclavos se tratase, a la cintura pero sin arnés. A nuestro parecer era más seguro ir sólo con tus bastones. La subida a pesar de su verticalidad se hizo rápida y sin peligro. En el tramo final te encuentras con unas cuerdas fijas que te llevan al pie del refugio. Una vez allí, las vistas vuelven a recompensar. Sus 3817 mtrs te ponen a la altura de las nubes y ya empiezas a notar los primeros síntomas de la altitud. Horas muertas a la espera de la noche. Al no tener reserva, no tuvimos derecho a cena. Un problema más con el que no habíamos contado. A las 22:00 horas la sala principal se quedo a oscuras y cuatro catalanes compartieron con nosotros las penurias de dormir bajo las mesas.
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