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erotica del fracaso[3]


Sábado 11
En la madrugada, nuestros corazones se aceleraban aún estando en reposo. Estábamos intranquilos. El parte que habíamos oído en la radio era de ventisca. Queríamos creer que eso sólo pasaba en ‘Al filo de lo imposible’, y que a las dos de la madrugada nos encontraríamos con una noche clara y apacible. Pero no fue así y a partir de la medianoche empezó a nevar con fuerza. Estábamos agotados y decidimos tratar el tema una vez se levantaran todos los del refugio. Era ilógico salir solos sin experiencia y en mitad de la tempestad. A eso de las tres sonó la campana y todo el mundo se levantó y desayunó, exceptuando los españolitos que no habíamos reservado. Después los montañeros emprendieron la subida hacia la cima. Nosotros igual que los catalanes nos retrasamos en la preparación y cuando salimos en mitad de la noche y con los frontales, nos vimos completamente solos. No existía la famosa hilera de luces de los alpinistas. Estábamos solos en la noche, con una nevada que había amainado. La sensación era mezcla de esperanza y frustración. Ninguno había pensado en el mal tiempo aún siendo un riesgo del que nos habían avisado. Pasados los 4000 metros se puso mucho peor, pero decidimos llegar aunque fuera a lo alto de Dome de Gôuter. En la subida nos cruzamos con los catalanes que abandonaban su empresa. Otro contratiempo; uno de ellos tenía un dolor agudo en la tripa. Nos animaron a continuar, pues a unos pocos metros habían visto a algunos montañeros y con ellos podríamos alcanzar cima. Cuando llegamos arriba, ya estaba amaneciendo. Tardamos en darnos cuenta ya que la niebla era muy espesa. Dependíamos de las huellas y estas se estaban borrando por la nevada. Había que tomar una decisión y rapidamente. Tres opiniones distintas y creo que finalmente prevaleció la cordura. Dimos media vuelta a nuestro pesar. Sabíamos que había llegado el final de la aventura y que la cresta de Les Bosses, Vallot y la ansiada cima se habían quedado a tiro. De vuelta paramos de nuevo por Goûter. Allí cambiamos impresiones de lo sucedido. Prometimos volver para terminar el proyecto; quizás se quede en agua de borrajas. La bajada hasta Tête-Rousse fue peligrosa, demasiada nieve y hielo. Se hizo necesario el uso de los crampones. Fueron 14 horas de jornada que terminó con nuestros huesos en el apartamento de Les Houches. A lo lejos quedaba el Monte Blanco que por esta vez nos había derrotado.

 


 

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