perdido perro pequeño |
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| El día de todos los santos, me gusta ir al cementerio, tengo algún motivo para ello. Había poca gente, comencé a caminar como si alguien me llevara de la mano, pasé por pasillos por los que nunca había estado, los cipreses hacían su función y cruces y lapidas adornaban el escenario. No tardé en divisar una lapida grande con un pedestal en el cual se encajaba una cruz de hierro forjado, caminé hacia ella y cuando estuve bien cerca pude leer el nombre escrito: Rosario Alcazar 1884 – 1952, una silueta tallada en la lápida mostraba a quien correspondía, era ella, era Rosario, sentí pasar un aire frío por todo mi cuerpo, en ese momento pasaron todas las imágenes de Rosario por mi mente como un rompecabezas fueron encajando. Llegué a Barcelona y fui directo a su casa, el jardín estaba completamente abandonado, las Magnolias no lucían con el mismo resplandor, de los naranjos colgaban sus frutos marchitos y las mimosas amarillas parecían querer volver a su Tasmania natal. Golpeé y golpeé pero nadie contestaba, la gente pasaba y me miraba extrañada, no vive nadie ahí desde hace mas de 50 años, no te canses.
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