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¿vaciló chateaubriand? [1]

:: felix angel muñoz valenciano ::

Para conmemorar el día del libro, después de comer me fui a Ópera, a visitar Petra´s una librería que no cierra al medio día. Se trata de un local pequeñito, con estanterías bien distribuidas, repletas de libros en varios idiomas y con descuentos y ofertas especiales. Cada sección está marcada con cartelitos, algunos escritos con letras divertidas. Se ve que Nícola, la encargada, y su equipo saben hacer bien las cosas. Por ejemplo, en la casa del libro de la Gran Vía los clientes disponen de banquetas de dos escalones para acceder a los estantes más altos. Es un buen detalle. Pero en Petra’s en vez de banquetas hay una escalera de libro. ¡A que es más propio!
Me encaramé a ella y empecé a mirar los libritos próximos al techo que eran los más pequeños. El primero que cogí era una novelita titulada El beso al leproso.
—Nícola —grité desde lo alto de la escalera—, François Mauriac ¿me lo aconsejas?
—¿Qué titulo?
— El beso al leproso
—Sí, te lo aconsejo. Me parece que se trata de su primera novela y cuenta una historia de amor...
—¿Amor? No será algo rosa y empalagoso...
—No, por favor. Fue premio Nobel...
—Sí, eso ya lo sé.
— Mauriac es un escritor... ¿Cómo te diría? Si alguien leyese sólo para relajarse o conciliar el suelo, este autor no sirve. Sus novelas más bien son inquietantes...
—¿En qué sentido?
—Porque al leerlo te surgen nuevas preguntas sobre ti... y comprendes que tendrías que cambiar algunas cosas de tu vida, y ser más valiente... Déjame que abra el libro al azar, para que veas cómo es su prosa. Por ejemplo, aquí en la página 71 dice:
“Las gencianas, azules cual una mirada, ya no florecían. Ella iba delante, como escapándose, y él la seguía de lejos.”
—¡Por favor —siguió hablando Nícola, al mismo tiempo que abría sus brazos con las manos hacia arriba en un gesto parecido al de los curas para dar la paz—, esto es muy poético...! “Las gencianas, azules cual una mirada”, ¡Qué bonito! Y, sin embargo no se trata de nada insulso. No decora una escena rosa entre dos tortolitos. La segunda frase, en cambio, es inquietante. Ella quiere escapar, él la persigue... Tememos que no lleve buenas intenciones... Y fíjate, al leerlo ahora, me parece que ambas frases dicen la misma cosa. La genciana, ¿no podría ser un símbolo de ella, que ya no florece y por eso escapa?
—¡Qué bien hablas Nícola! Tus palabras me han dejado embobado.
—¿Te pongo el libro?




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