relatos del yugo |
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| Como os iba diciendo, o quería decir mi planteamiento del problema es que salvo en contadas ocasiones los jefes que nos mandan no suelen ser los más indicados, éste era el caso del primero de ellos, que es el que perdí, lo que os contaba es que el susodicho elemento la única ventaja que tenía sobre los que mandaba es que era capaz de escribir con menos faltas de ortografía que los demás algún que otro escrito no mucho más largo que éste, y tenía la capacidad, como seguro que todos vosotros habéis sufrido, de solucionar todos sus errores, defectos, incompetencias con una buena dosis de voces, gritos y algún que otro insulto, así como parte importante de peloteo.
Hablando de esto, me viene a la memoria otro sucedido
con otro jefe, por cierto anterior en el cargo a éste del que
estamos hablando, digamos que se trataba de un señor a punto
de jubilarse y que toda su intención era la de hacerlo aprovechándose
de la empresa todo lo posible, para ello, aparte de echarse sus siestecillas
a eso de las 4 de la tarde sin ningún rubor porque alguien le
viera los pies apoyados encima de la mesa y asomando por la cristalera
del "despacho", mandaba a 9 tíos que hicieran trabajos
para él ,que por supuesto eran ajenos a la empresa, posponiendo
trabajos de la misma que realmente corrían prisa, además
de lo dicho se tomaba diariamente unas buenas cantidades de alcoholes
varios, lo cual influía notablemente en su relación con
sus empleados, que en el caso que nos ocupa éramos mi padre y
yo; estábamos ambos subidos a un forjado soldando una serie de
cosillas y por alguna razón que no acabo de entender los de la
obra que deberían tener una serie de trabajos realizados para
cuando llegásemos nosotros, no sólo no los tenían,
sino que además pasaban de nosotros olímpicamente, entonces
llegó este hombre, venía de tan buen humor que según
llega como se nos veía desde abajo nos dice "vamos que como
si fuerais un padre y un hijo..." y demás tonterías
de este estilo, pero mi padre (que en ése momento era mi encargado)
le comentó la situación, montó en cólera,
hasta tal punto que yo no sabía donde meterme y empezaron a desfilar
obreros a realizar los trabajos que no habían realizado con una
urgencia nunca vista en peones de la construcción. De esto sacamos
la conclusión que para ser jefe en ocasiones hay que dar voces
y gritos para que te tomen en serio, no obstante hay que darlos cuando
proceda y sabiendo que tienes razón, puesto que si no lo que
ocurre es que aún te desacreditas más.
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