perdido perro pequeño |
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| La radio languidece con estrofas melancólicas mientras paso la mañana en el sofá tratando de encontrar fuerzas suficientes para salir a la calle, asfalto derretido que adormece los sentidos e intenciones. Allí fuera está la ciudad desierta que provoca los más contradictorios sentimientos en mi interior. Presagio de nuevos horizontes que se vislumbran a través de las cortinas de las ventanas. Finalmente me decido; emprendo el viaje. Enfilo las oscuras escaleras que bajan desde este oasis de tiempo detenido y la luz implacable me golpea en la acera. Camino arrastrando los zapatos mientras mi cabeza vuela por paisajes soñados una y mil veces. La arena de playa que imagino en mis pies y el murmullo de la ciudad convertido en sonido de olas acercan momentos vividos en lugares lejanos, distantes una eternidad. Unos segundos de caída libre y de nuevo la ciudad abrasadora. De manera ritual encamino mis pasos hacia el café que se ha convertido en otro oasis en medio de esta desértica ciudad.
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