perdido perro pequeño |
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| Lo antes que pude le contesté. "Hola Julia, muchas gracias por su correo, pero
no entiendo qué es lo que quiere decirme. ¿Sería
tan amable de explicarme quien es su tío y qué le ocurrió?
Me quedé bastante intrigado y cada vez que abría mi cuenta de Terra buscaba con ansiedad la respuesta de Julia y cuando menos lo esperaba, me llegó un correo suyo en forma de historia, que quiero conozcais "Angel, ¿Quiere saber qué le ocurrió
a mi tío? Pues, según me contó él, hace
muchos años se tomó un día de vacación y
se fue a visitar unos restos prehistóricos que se conservan cerca
de su pueblo. Lo primero que hizo al llegar fue pasarse por el Ayuntamiento
y preguntar por el emplazamiento de la necrópolis ibera. Le atendió
un funcionario quien trazó en un folio una especie de mapa, indicando
los caminos, la distancia aproximada y otros detalles topográficos
que facilitaban la localización de un asentamiento de los primitivos
olcades. Comió en el bar Gismero y después de descansar
un buen rato se puso en camino. Era una tarde bochornosa de pleno verano.
Dice que si tuviera que describir el calor que pasó por aquel
trayecto sin árboles, le bastaría con mencionar tres eses:
las contenidas en las palabras ‘sequía’, ‘sudor’
y ‘sed’. Pero como veo que me estoy extendiendo demasiado
y no quiero aburrirle, abrevio. Mi tío encontró la necrópolis
en un cerrete detrás de la fuente de Villaverde y nada más
llegar se puso a dibujar un croquis, tomar medidas, calcular la orientación,
analizar el tipo de roca y otros datos que anotó en su cuaderno
de campo; luego se dirigió a explorar el terreno por la parte
sureste. Ascendió por un terreno cubierto de aliagas. Desde allí,
un poco a su izquierda, en la línea del horizonte, se dibujaba
la silueta de un cerro con forma de pirámide. La visión
de esa forma geométrica le recordó los egipcios y la diferencia
de las civilización faraónica, tan monumental, con la
de los olcades, que a penas si habían dejado restos de su existencia.
Con tales divagaciones se debió de despistar bastante porque
cuando se quiso dar cuenta tenía una tormenta encima. Del cielo
plomizo empezaron a caer rayos y centellas... Y se asustó mucho
porque era la primera vez que una tormenta le sorprendía en pleno
descampado. Cuando ya no veía posibilidad de guarecerse en ningún
sitio, milagrosamente, descubrió a una joven, que le hacía
señas para que la siguiera. Gracias a su ayuda consiguió
refugiarse en una cueva. El relato de Julia me impactó como si hubiera
recibido una pedrada en el cogote. Parecía tan real... Por supuesto
que no es fácil creer en la aparición en medio del campo
de una joven. Quizá se tratara de una turista, ya que la carretera
de Cuenca está próxima al lugar... Pero por aquella época
no había turistas y, aunque lo fuera, ¿cómo es
que conocía la existencia de una cueva que desconocen la mayoría
de los que viven en el pueblo? Y lo que es más importante, ¿qué
le pudo hacer ella a un joven de veintitantos años para que le
cambiara la vida hasta el punto de parecer otra persona?
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