|
Pocos quedan, el mar a esta hora convoca sólo a pescadores para
darles peces.
Recuerdo la pintura de Grimshaw: anochecer en el Tamesis. Todo empieza
a cambiar color, se confunden las barcas con el cielo y a la vez se
balancean a causa de la marea.
La playa se ha vaciado y la arena guarda las marcas del día en
su piel; agujeros que fueron pisadas de turistas felices. Camino sobre
pisadas de otros, superponiendo la huella de mi pie quién sabe
con la de quién, sigo los pasos de un lobo o de varios; es lo
mismo.
Descubro infinitas formas de agujerear la arena. Esta, nos soporta y
calla. Silencia. Arena que se hace hueco con mi paso.
(el agujero es el espacio de nuestro pie, lo que queda)
Sin embargo sigo una extraña huella, una huella superficial;
alguien ha marcado la arena de otra forma, de manera plana, sin oprimir
el suelo, parece un dibujo. Un pisada lisa, no honda, pasa inadvertida
entre los lobos.
¿Cómo alguien puede caminar sobre la arena y no agujerearla?
Los pescadores ya se han vendado los ojos y es la indicación
que hay peces en sus cubos. Nadie habla. La tarde es ajena a mi pensamiento
y acontece rutinariamente como si no hubiese nada por hacer. Es, quizás,
esta huella lo único que altera esta realidad controlada.
Ando por la mitad de la playa entre el mar y un muro de cemento atiborrado
de escritos y musgos. Huele a orín. Voy recto en línea
a la huella, con mi pisada tapo la huella superficial, la borro; sigo,
apoyo mis pasos al costado de la huella: una duplicación. ¿de
quién será está huella?. Pisadas paralelas, superpuestas,
tachadas, formas en una arena. Ahora mi paso se acelera o espacía
y es señal de que la huella antes ha hecho lo mismo. Empiezo
a sentir en la respiración, lo que ha pasado. (Ser otro teniendo
otros pasos). Ahora la huella zigzaguea; zigzagueo también.
La distancia entre paso y paso es pequeña, me incomoda. Debo
cambiar mi ritmo, acortar los pasos. La señal es clara; la huella
es de un niño; lo llamaré Ujín.
A Ujín no puedo verlo.
Sus marcas llegan hasta el final de la playa, donde están las
rocas. Ujín sabe que si entra en las rocas perderé su
huella pero justo antes, en la puerta de lo impenetrable, me doy cuenta
que estoy caminando en circulo. Las pisadas de Ujín han dibujado
una circunferencia perfecta; la siento. Ahora damos vueltas, una calesita
en la arena. Sabe que lo puedo alcanzar, salta, hace piruetas. Se arroja
contra la arena, todo su cuerpo cae y caigo sobre la arena.
Comenzamos a caminar nuevamente.
La playa está igual; con más peces pescados, con manchas
de hombres fumando y mirando el mar. Una pareja pasa delante nuestro,
van de la mano por la parte de la arena húmeda, esa que recién
tocó el mar; se alejan. El viento aparece, las olas crecen y
el olor a sal también. Llega la música desde algún
lugar; música que adormece.
Y ahora donde vamos?, pienso.
Hacia el lugar de lobos pero de otro modo; dice Ujín.
[volver al index]
© ::sebastián serrani:: habla@yambria.org
:: barcelona :: 2005
|