| Conocí
Huangshan, traducido literalmente, la montaña amarilla. Un accidente
geográfico elevado hasta los cielos, y en el que se encuentra
un antiguo palacio imperial rejuvenecido en hotel. Unas montañas
a las que inevitablemente volveré por vacaciones para poder descubrir
toda la naturaleza que hay en ellas. Decidimos hacer la subida en teleférico.
Caminamos sobre las nubes y nos empapamos de rocío. El descenso
se realiza a pie por un sendero que te retorna a tu punto de partida
5 o 6 horas después de haber comenzado el trayecto. Lu y yo lo
hicimos en casi tres horas, lo que nos provocó unas agujetas
de 4 días. Sin embargo, sigue clavado en mi retina ni el trayecto
ni las consecuencias. Durante el descenso, que realizamos por las escaleras,
se ve como portadores al más puro estilo imperial (pantalón
corto y chancletas) suben enseres al hotel para el día a día.
Parte se sube en teleférico, pero parte la suben ellos para poder
ganar dinero. 2 yuanes por kilo (0,2€). En cada trayecto suben
50 kilos aproximadamente, realizando 2 trayectos diarios. No hay manera
de expresar la visión de esta gente sufriendo para ganar 500€
al mes, durante toda su vida.
Así se han desarrollado todas las visitas. Siempre con nuevas
experiencias. Siempre esperando algo innovador.
Mi último encuentro turístico circunstancial fue con motivo
de un viaje cultural. En esta ocasión todo había sido
organizado y se seguía un patrón. Lo que duró China
es lo que creí que sería un eterno turista. Por fortuna,
siempre hay un paso más en este país.
La suerte me ha traído de vuelta en el plazo que me prometí
una tarde en Hong Kong, mirando a la inmensidad de los espejos de infinitas
plantas de la isla. Entonces, los ojos se han abierto a una nueva película,
entendiendo lo que me rodea y siendo capaz de interactuar con ellos
y comprender como viven y piensan.
Mi entrada fue un poco abrupta. Caí en una fabrica que tuve que
montar, y el trabajo me desgastaba las energías para salir los
fines de semana a explorar esta zona del mundo.
Mi segunda etapa ha sido bastante más fructífera. He descubierto
la inmensidad y profundidad de este país y sus gentes. La población
china, de 5 diferentes etnias convive bajo el mandato de Beijing. Pero
cada zona es muy diferente entre si. Cultura, costumbres, economía,
altura y conocimiento.
Cada día es un descubrir de nuevas cosas y de ver acciones que
sorprenden. No todas gratas, pero todas pertenecientes a este país
y tan mágicas como la primera.
Recientemente tuve el placer de ver a mi primo en China. Venia a “explorar”
un poco este país. Probó el tren, el autobús, los
hoteles baratos y las calles polvorientas. Se ha llevado consigo una
buena impronta de lo que es este país, de grandes ricos y “grandes”
pobres, de genio y de ingenuos. De los más grandes proyectos
y los más terribles desastres.
Este país ha sido siempre rico, algunas veces en costumbres,
otras en ideas y descubrimientos, algunas en cultura y ahora en gente
y dinero. Pero también es pobre. El número de gente que
habita en este país es a la vez su fortaleza y su desgracia.
Genera una fuerza humana a todos los niveles, pero como este es un mundo
de proporciones y porcentajes, el número de gente con dinero
y sin él, con conocimiento y sin él, y con educación
y respeto hacia el prójimo y sin él, es el mismo que en
cualquier otro punto del globo.
Los chinos quieren ser una gran nación, pero al mismo tiempo,
la dejadez que muchos derrochan hace que este empeño de los menos
sea más costoso. Evolucionan, pero más lento. Es una cultura
egocéntrica, donde el trabajo en equipo y la solidaridad es mínimo.
Afortunadamente, la escolarización va en aumento (según
datos oficiales, por encima del 98% hasta los 16 años). Esto
hace que haya mayor numero de personas que sean capaces de educar a
aquellos a su alrededor. Pero hace falta un esfuerzo por parte de todos,
maestros y pupilos. Hace falta una influencia mayor. Tiempo al tiempo.
¿Donde entramos nosotros, los “blanquitos”? Hay un
gran respeto por los occidentales. Su conocimiento, lo desconocido.
Sin embargo, desde la Ruta de la Seda, venimos aquí a querer
conquistar algo que no será nunca conquistado. Deberíamos
empezar a convivir con ellos y ayudarles y no intentar “adiestrarles”.
En muchas ocasiones se pierde la perspectiva y cometemos excesos de
autoconfianza. Pero aun así, seguimos aportando mucho a diario
en este país.
Espero poder seguir aportando lo que se merecen. Son gente, a pesar
de los defectos que hay, muy trabajadora. No todo lo despierto que gustaría
(incluso a ellos), pero a falta de una reforma lógica del sistema
educativo, aprenden rápido y con pie firme. Quiero estar para
ver esa ascensión. Quiero comprobar que ellos pueden.
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