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reflexiones sobre china[2]


Conocí Huangshan, traducido literalmente, la montaña amarilla. Un accidente geográfico elevado hasta los cielos, y en el que se encuentra un antiguo palacio imperial rejuvenecido en hotel. Unas montañas a las que inevitablemente volveré por vacaciones para poder descubrir toda la naturaleza que hay en ellas. Decidimos hacer la subida en teleférico. Caminamos sobre las nubes y nos empapamos de rocío. El descenso se realiza a pie por un sendero que te retorna a tu punto de partida 5 o 6 horas después de haber comenzado el trayecto. Lu y yo lo hicimos en casi tres horas, lo que nos provocó unas agujetas de 4 días. Sin embargo, sigue clavado en mi retina ni el trayecto ni las consecuencias. Durante el descenso, que realizamos por las escaleras, se ve como portadores al más puro estilo imperial (pantalón corto y chancletas) suben enseres al hotel para el día a día. Parte se sube en teleférico, pero parte la suben ellos para poder ganar dinero. 2 yuanes por kilo (0,2€). En cada trayecto suben 50 kilos aproximadamente, realizando 2 trayectos diarios. No hay manera de expresar la visión de esta gente sufriendo para ganar 500€ al mes, durante toda su vida.
Así se han desarrollado todas las visitas. Siempre con nuevas experiencias. Siempre esperando algo innovador.
Mi último encuentro turístico circunstancial fue con motivo de un viaje cultural. En esta ocasión todo había sido organizado y se seguía un patrón. Lo que duró China es lo que creí que sería un eterno turista. Por fortuna, siempre hay un paso más en este país.
La suerte me ha traído de vuelta en el plazo que me prometí una tarde en Hong Kong, mirando a la inmensidad de los espejos de infinitas plantas de la isla. Entonces, los ojos se han abierto a una nueva película, entendiendo lo que me rodea y siendo capaz de interactuar con ellos y comprender como viven y piensan.
Mi entrada fue un poco abrupta. Caí en una fabrica que tuve que montar, y el trabajo me desgastaba las energías para salir los fines de semana a explorar esta zona del mundo.
Mi segunda etapa ha sido bastante más fructífera. He descubierto la inmensidad y profundidad de este país y sus gentes. La población china, de 5 diferentes etnias convive bajo el mandato de Beijing. Pero cada zona es muy diferente entre si. Cultura, costumbres, economía, altura y conocimiento.
Cada día es un descubrir de nuevas cosas y de ver acciones que sorprenden. No todas gratas, pero todas pertenecientes a este país y tan mágicas como la primera.
Recientemente tuve el placer de ver a mi primo en China. Venia a “explorar” un poco este país. Probó el tren, el autobús, los hoteles baratos y las calles polvorientas. Se ha llevado consigo una buena impronta de lo que es este país, de grandes ricos y “grandes” pobres, de genio y de ingenuos. De los más grandes proyectos y los más terribles desastres.
Este país ha sido siempre rico, algunas veces en costumbres, otras en ideas y descubrimientos, algunas en cultura y ahora en gente y dinero. Pero también es pobre. El número de gente que habita en este país es a la vez su fortaleza y su desgracia. Genera una fuerza humana a todos los niveles, pero como este es un mundo de proporciones y porcentajes, el número de gente con dinero y sin él, con conocimiento y sin él, y con educación y respeto hacia el prójimo y sin él, es el mismo que en cualquier otro punto del globo.
Los chinos quieren ser una gran nación, pero al mismo tiempo, la dejadez que muchos derrochan hace que este empeño de los menos sea más costoso. Evolucionan, pero más lento. Es una cultura egocéntrica, donde el trabajo en equipo y la solidaridad es mínimo. Afortunadamente, la escolarización va en aumento (según datos oficiales, por encima del 98% hasta los 16 años). Esto hace que haya mayor numero de personas que sean capaces de educar a aquellos a su alrededor. Pero hace falta un esfuerzo por parte de todos, maestros y pupilos. Hace falta una influencia mayor. Tiempo al tiempo.
¿Donde entramos nosotros, los “blanquitos”? Hay un gran respeto por los occidentales. Su conocimiento, lo desconocido. Sin embargo, desde la Ruta de la Seda, venimos aquí a querer conquistar algo que no será nunca conquistado. Deberíamos empezar a convivir con ellos y ayudarles y no intentar “adiestrarles”. En muchas ocasiones se pierde la perspectiva y cometemos excesos de autoconfianza. Pero aun así, seguimos aportando mucho a diario en este país.
Espero poder seguir aportando lo que se merecen. Son gente, a pesar de los defectos que hay, muy trabajadora. No todo lo despierto que gustaría (incluso a ellos), pero a falta de una reforma lógica del sistema educativo, aprenden rápido y con pie firme. Quiero estar para ver esa ascensión. Quiero comprobar que ellos pueden.

 

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