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Estancada en un pensamiento deshojado
de margaritas caprichosas,
que buscan el nombre
que fertilizará el mundo.
Buscan un cielo volcado
sobre marismas de azucenas.
Y buscan la tierra
que engendró los sueños y las promesas.
Los pétalos del mundo
no me dejan dormir.
Sólo me dan silencio
entre todas las preguntas y respuestas
que un día fueron hermafroditas,
y hoy duermen cada una,
en el latir de los grillos,
en los ojos de las muñecas,
en el final de la noche,
en el límite de la esperanza.
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:: berlín:: 2005
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