die kommune |
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y que abandone el agit-prop[3] |
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Así, el carácter diferencial del pueblo vasco, catalán, gallego, y de cualquier otro lugar de España, pierde su sentido si lo traducimos al individuo, algo que para el nacionalismo significa atentar contra su esencia, puesto que hace que su poder se fragmente y se debilite. Pero, en lo fundamental, el individuo obrero de Barcelona tiene las mismas necesidades que el de Madrid: acceso a la vivienda, estabilidad laboral, bajos impuestos, seguridad social garantizada… cosas básicas sobre las que construir un estilo de vida más o menos sofisticado, según el gusto del dueño. ¿Tan diferentes son entre sí? Por ello, entre las políticas que promueve el buen nacionalista está siempre la de desanimar a aquellos que creen en independizar un poco más al individuo de su entorno, para ofrecerle mayor margen a la hora de elegir su papel en la sociedad. Ante la falta de valores robustos compartidos entre los españoles (la mal llamada diversidad, que va más allá de las costumbre culturales, cuya ausencia nos aburriría pero cuyo exceso nos está emborrachando), la seducción del nacionalismo hace que sus principios se propaguen entre los estratos sociales a gran velocidad. A este efecto de propagación se une la inoperancia de quienes combaten el nacionalismo únicamente mediante posturas de negación de éste del estilo “la historia no es como la cuentan”, “ese dato es mentira”… su interminable labor simplemente no va más allá de desvelar que el nacionalismo ha tenido que asentarse -en su celo para hiperlegitimarse, reflejo de su inseguridad y debilidad original- en mentiras. Pero eso ya lo sabíamos… ya sabíamos que es habitual que los nacionalistas mientan cuando tratan de justificar su ideología en “evidencias” históricas (¿por qué han elegido ese camino cuando tenían otras alternativas, entre otras, también la de hacerse imprescindibles con un sólido proyecto de futuro?); pero en un país como España, en el que el común es indulgente con la mentira y la falta de rigor si es seducido por la personalidad o el personaje, algunos de estos mentirosos (mentirosos nacionalistas, y también algunos no nacionalistas) han recorrido un largo camino en nuestro país y sin ningún coste a largo plazo, enseñando a quien quiera ver lo ventajoso que es a veces saltarse las normas, pero siempre con mesura, la que ellos deciden cómo administrar según sus intereses.
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