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En mis comentarios del otro día no pretendía diferenciar entre buenas y malas personas, ni indicar que una persona por el hecho de ser musulmán es perverso, ni mucho menos. Mis críticas se refieren al Islam como instrumento de conquista. Cuando Mahoma huyó a Medina (hégira) sus doctrinas sufrieron un cambio importante. Es en este momento cuando Mahoma centra sus esfuerzos en reconquistar La Meca, hay que indicar que el único pecado de los habitantes de La Meca fue no querer convertirse a la nueva fe. Se dedica a consolidar un ejército de creyentes. Mahoma emite un documento llamado Constitución de Medina que muestra claramente que la intención de Mahoma es la guerra con los pueblos árabes que le hicieron huir. Es después de su llegada a Medina cuando surge el concepto de yihad. A partir de este punto las revelaciones de Alá a Mahoma tratan de crear un ejército de creyentes cuyo fin principal es la conquista. En este momento infiel (kafir) no es quién no cree en Alá, sino quién rechaza la guerra santa y las órdenes de Mahoma. Es en este momento en el que surge la palabra Islam no como sumisión a Alá, sino a Mahoma y a sus leyes dictadas por Alá. El Islam se separa en esto de las demás religiones monoteístas al otorgar a la violencia un papel primordial. El carácter religioso de esas directrices de guerra envuelve en un halo de religiosidad acciones totalmente prácticas y materialistas. Los saqueos a caravanas se imbuyen de santidad al ser acompañados los soldados por ángeles y guiados por Alá. La religión aparece como justificación de un conflicto puramente de poder mercantil como era el control de las rutas comerciales. Los dictados de Alá a Mahoma en esta época despojados de todo su artefacto sobrenatural son simples acciones estratégicas de guerra y terrorismo. El imbuir de un espíritu sagrado las acciones de lucha daba una supremacía moral a los guerreros islámicos, que no sólo luchaban por el control del territorio, sino por el triunfo de Alá. Estas directrices se encuentran tanto en el Corán como en la sira y son utilizadas actualmente como respaldo teológico por los grupos integristas. Hay que dejar claro que todas estas indicaciones, que surgieron para una situación política concreta, son palabra de Dios. Es cierto que en la Biblia hay episodios de lucha. Hay pasajes como los de Moisés y Josué contra Amalec, cuando Dios favorecía a los judíos mientras Moisés tenía los brazos en alto, o como cuando se nos narra la destrucción de Jericó (Josué, capítulo 6) donde se derrumban sus murallas y pasan por el filo de la espada a todos sus habitantes. También hay que indicar que este Dios vengativo también lo es contra sus propios seguidores cuando se alejan del camino marcado por él. Al propio Moisés le niega el pisar la Tierra Prometida por haber dudado de Él (números, capítulo 20). Pero estos pasajes bíblicos no han sido utilizados como justificación del terror, tal vez por algún grupo judío integrista, nunca por la mayoría de los sionistas. Además son capítulos mayormente descriptivos y no legislativos o justificativos de acciones concretas como en el caso de Mahoma.
Por otra parte, eso de el Islam dice lo mismo que las otras grandes religiones monoteístas no es cierto. El Islam se aprovecha de parte de la tradición judía adaptándola como mejor le parece. Aparecen capítulos bíblicos modificados, e incluso con equivocaciones, debido al escaso conocimiento que Mahoma tenía de la tradición judía. Simplemente agregó pasajes que conocía de manera oral a su libro para intentar justificar su fe basándose en creencias preexistentes. Es cierto que gran parte del Corán trata de conceptos morales, de alabanzas a Dios, se critica el robo (siempre que no sea Alá quién lo justifique), el matar a otros (sobre todo correligionarios, si es un kafir no tiene tanta importancia), se predica el perdón y la indulgencia con el pecador. Eso es cierto, pero además de eso se justifica la violencia, la guerra para conseguir sus fines políticos, eso hace que el Islam, a mi juicio, no sea una religión como las demás. Las naciones cristianas también libraron un sinnúmero de guerras en nombre de Dios, aún cuando el Nuevo Testamento no reflejara ninguna aspiración de violencia, sino todo lo contrario. El pueblo judío (el pueblo elegido) también recurrió a la violencia, pero más en su faceta de pueblo sin tierra y oprimido – que pasará por encima de cualquiera que se ponga en su camino de conquista de la Tierra Prometida – que de pueblo conquistador, dado que el pueblo judío no tiene aspiraciones de conquista y expansión, al ser sólo judío el que nace judío.
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