| <10.03.2006>
S. T. Daroca
Intentaré discrepar siempre que mi condición y la de mi
país me lo sigan permitiendo. Las acciones del mundo occidental
están orientadas a seguir manteniendo el status de finales del
siglo pasado, tanto económica como militarmente. Con este propósito
ha ido tomando diversas medidas con el objeto de convertirse en juez
y ejecutor de sus propias leyes internacionales. Desde esa posición
se permite el juzgar pero no admite el ser juzgado. Valora los principios
básicos de otras sociedades pero no permite que se valoren los
propios. En el caso particular de las representaciones de Mahoma es
evidente el contenido implícito de las mismas, y no parece necesario
extenderse sobre éste. Como soberbio juez no nos disculparemos
de una acción que somos sobradamente conscientes de las repercusiones
que tendrá amparándonos en la libertad como principio
básico de nuestra sociedad, defendiendo la legislación
de nuestro territorio patrio. Como juez supremo nos sentimos perfectamente
calificados para valorar las reacciones a nuestra propia conducta en
otros territorios, precisamente por nuestra condición de juez.
Ay, somos como aquel perro pastor encargado de cuidar del ganado que
nunca se responsabilizará del despeñamiento de una oveja;
ay, pobre tonta y patética oveja.
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