relatos del yugo |
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los primeros días del mes de enero y finales de agosto cientos
de trabajadores temporales van al paro. Yo fui uno de ellos. Y el tiempo
que por fin era mío lo malgaste en el bar de la estación.
Lugar propicio para beber con cualquiera. Trascribo literalmente lo que dijo: –Justo antes de la recaída producto de
la afección del paro (único instante de tiempo para nosotros)
nos asimos en busca del equilibrio, para alcanzarlo solo hay un secreto:
someterse. Aceptad un yugo nos repiten, y seréis felices; sed
algo y os librareis de vuestras penas. ¡Olvidad a Jonás,
abandonad la vida en el estomago de la ballena y os darán un
titulo sobre vuestra nada! –gritó–. No importa si sus palabras imbuyeron de alcohol. En
ellas podemos encontrar un discurso recompuesto de algunos pensadores,
yo encontré algo de Cioran. Al caso todas las voces se organizan
de igual forma (los textos no hacen más que glosarse los unos
a los otros); fragmentos que convergen para estallar en un Big-Bang
de lo social y que como en la misma creación del universo tendrán
que converger en el nuevo estallido de una huida, una renuncia, un exterminio,
otras palabras o acción desahogando a alguien...
© ::carlos torrez:: habla@yambria.org :: new york:: 2006 |