concurso de relato urbano |
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el último perro de mi ciudad
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Me encontraba ahora cerca al Banco Nacional y las colas de fin de mes llegaban en dos direcciones para los cobros respectivos de los trabajadores y otras transacciones corrientes. Un camionero, con el torso desnudo mandaba al carajo a un chofer de ómnibus pues había pisado el acelerador en el cruce de las avenidas Elias Aguirre y Salaverry. No había ni un solo policía y el camionero resignado continuó su trayecto maldiciendo. ¡Ah Pelao, ah perrito peruano! Lo buscaba por los lugares donde casi siempre frecuentaba y ahora me detenía a husmear como él pero a mi propia ciudad. Un día libre entre semana en la que sin esa especie de automatización con la que uno va y viene del trabajo y la ciudad estaba ahí para mí como diciéndome tu abuelo caminó por éstas mismas calles, he crecido como una medusa, como un pulpo gigantesco: mis tentáculos son esas calles amadas desde el empedernido parroquiano con su vida viciada de bohemia; hasta el solitario y tímido habitante de un cuarto alquilado. El perro no aparecía por ningún lado. Todo era cuestión
de localizarlo, tirarle la soga y aunque aullara entregárselo
a esos gringos que en su mal castellano dijeron me darían 100
dólares y como olvidándome del asunto ahí estaba
mi ciudad, con un habitante sorprendido también que por debajo
de esas calles bonitas estaban los intestinos de esta naciente metrópoli:
cloacas, desagües, mundito inferior y horrendo. Todo iría
hacia la nada del océano. Escupí. Fue algo extraño
pues unos minutos después, cerca al mercado mayorista al que
odio pues los magos del robo te vacían los bolsillos sin darte
cuenta, apareció el maldito perro, el perro muchik, el perro
vago, el peruanísimo perro que nadie sabía pertenecía
a una raza milenaria en extinción. Y fue así como lo encontré,
moviendo la cola para que le arrojaran los huesos de las carnicerías
del mercado. Pero ya no me atreví a darle cacería pues
sentí a la altura del esternón un ahogo parecido a la
nostalgia, también él era parte de la ciudad y si se iba
con esos gringos también se marchaba un pedacito de historia © ::william celiz guerrero:: habla@yambria.org :: Perú :: 2006 |