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prevenir y lamentar


:: almudena castro::

Vivo en Londres, la ciudad de la paradoja, donde llamar la atención es siempre imposible y a nadie le extraña. Donde un billete de tren al aeropuerto puede costarte tanto como un trayecto de avión en una “low-cost”.
Donde el rasero de la educación se mide por la cantidad de “sorrys” y “thank-yous” que uno ha dicho al cabo del día. Donde uno lee en el metro por no mirar a los ojos del vecino, parapetado detrás de uno de esos enormes periódicos-sabana. Aquí uno se prepara para ver cualquier cosa, oír sólo lo que interesa y decir lo contrario de lo que uno piensa –“ironía”, lo llaman.
Y así, entre el traqueteo de la montaña rusa de cada día, nos agarramos al asiento para convencernos a nosotros mismos de que sabemos adonde vamos. Es la cultura de la reflexión llevada al extremo, en la que jamás se critica por deporte (salvo en la prensa amarilla contra Beckham, Camilla y “Cocaine Kate” Moss).
Aquí triunfa el “speed dating”, donde conoces a 10-15 solteros en un par de horas e intercambias con ellos un máximo de 5 minutos de conversación para decidir si podrían ser buenos amigos/amantes/maridos o teléfonos que borrar en tu móvil, simplemente. Si no hay suerte con “los elegidos”, no hay problema: la empresa te devuelve el dinero un mes después, “sin ningún compromiso” (nunca mejor dicho).
Aquí he llegado a ver carteles de “No funciona” pegados a un lado de maquinas expendedoras de billetes, de chocolatinas… aunque funcionen perfectamente en ese momento. Por si acaso. Para que cuando se estropeen, la nota esté lista para colocar a la vista de todos. Al principio pensé que era una casualidad, pero al fijarme lo vi tres veces durante una misma semana, en varios sitios públicos.
Hace poco encontré en una oficina un cartel pidiendo a los empleados que informaran de los “near miss”, esos pequeños accidentes que casi ocurren a cada minuto: el cable pelado que da corriente, la baldosa suelta en la que tropezamos, el pedazo de cristal con el que te cortas sin querer. El torpe de turno debería hacer de tripas corazón y confesar que, después de estar a punto de caerse o lesionarse, siente la obligación de comunicárselo a sus compañeros para evitar futuras desgracias. Realmente loable, todo hay que decirlo.
Me pregunto si este tipo de ideas funcionan, aunque cada vez veo más de estos pequeños detalles a mi alrededor: en mi empresa, cualquiera tiene acceso al correo electrónico del compañero, únicamente cambiando el nombre de usuario, sin contraseñas. Al cambiar mi dirección postal en el banco, después de enseñar mi DNI, recibí una carta notificándomelo para prevenir fraudes, por si alguien se estuviera haciendo pasar por mi. Si pierdes tu abono transporte después de registrarlo, puedes reemplazarlo por otro y evitar que alguien lo use en tu nombre. También leí que existe una web en la que las mujeres pueden inscribirse y recibir mensajes a su móvil todos los días para acordarse de tomar la píldora.
Rodeada de tanto sentido común y previsión, estoy empezando a consultar la previsión meteorológica con al menos dos días de antelación, “por si acaso”. Y es que el tiempo en esta ciudad es de locos, por eso llevo siempre un paraguas en el bolso, porque nunca se sabe. Porque mas vale prevenir, y como dicen aquí, “it is better to be safe than sorry”.



 


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© almudena castro:: habla@yambria.org :: londres:: 2006