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soñar es gratis[2]


La política translúcida

Por las propias declaraciones provenientes desde el mundo abertzale, no se puede negar que el Gobierno ha estado en contacto continuo con ETA, precedido por las vías abiertas desde el PSE desde la anterior legislatura. Lo que no sabemos es si la delgada frontera que separa el “contacto” de la “negociación” ha sido traspasada. La realidad es que esos contactos no han sido comunicados a la ciudadanía en su momento, y es triste que sean los abertzales los que tengan que “informarnos”. ¿Qué temía el PSOE para mantener contactos de manera clandestina? ¿Durante cuánto tiempo tiene un Gobierno derecho a actuar así sin informar? Esto es volver al dilema de: ¿qué cosas debe mantener un gobierno en secreto, y sobre qué cuestiones debe ser más transparente? Lo cierto es que, en un presidente como Zapatero, que realizó especial énfasis en campaña electoral en la transparencia, el no contar los detalles del proceso supone otra desilusión, otra promesa rota, otra de tantas, por un presidente que no sólo no ha regenerado el Estado, más bien al contrario, uno más entre los presidentes que se interponen para el progreso democrático de nuestro país.

Todo este proceso ha estado aderezado por la participación de ilustres personalidades internacionales: Gerry Adams (quien, tras una entrevista con dirigentes etarras hace un tiempo, dijo que eran unos “irresponsables”), e incluso Tony Blair (no deja de ser gracioso que el Gobierno muestre orgulloso que colabora ahora con uno de la banda del trío de las Azores, pero éste de los que llevó soldados; hay que reconocer que, menos a Aznar, al resto de los de las Azores les ha ido muy bien, incluyendo al anfitrión, Durão Barroso, a la sazón presidente de la Comisión Europea… ¿de la vieja Europa o de la nueva?).

Debemos ser benévolos con aquellos que defienden que el pueblo es infinitamente sabio, y que si toma decisiones equivocadas es porque los políticos le engañan ocultándole pistas sobre realidad, porque no tienen en cuenta que el pueblo puede llegar a engañarse por su propia incultura o desinterés (y para muestra, el pueblo vasco). Si bien es cierto que ahora cobra especial relevancia la reivindicación de la transparencia, que debemos dirigir en último término a Zapatero, por ser él el máximo responsable, promotor de esta y otras iniciativas pasadas de dudoso éxito y de más dudoso interés general. Zapatero y su maquinaria de marketing, todo uno, nos convencieron en campaña electoral de que la transparencia, el diálogo, y demás palabrería, eran valores diferenciadores de su persona y de su forma de actuar (del partido, mejor no hablar, es un viejo conocido). Ahora sabemos que lo diferencian pero en sentido opuesto, porque ni siquiera en mayoría precaria se ha preocupado de contar a los españoles su estrategia respecto de ETA y, por extensión, su modelo de Estado.

Como ilustración de su política translúcida aderezada por su inherente deriva relativista, ZP no fue riguroso en absoluto con el partido franquiciado de Batasuna (menos la marca, todo lo demás), el PCTV, diciendo que la ley de partidos era “demasiado restrictiva” (¡!), siendo así desleal a su propia lealtad, la que él mostraba hacia el gobierno del PP hace unos años… Recientemente, “su” fiscal general pide moderación a los jueces con ETA, buscando otra interpretación de la ley porque interesa ahora políticamente… dos muestras de posturas poco decorosas con el derecho, los ciudadanos, y la propia resolución que el PSOE redactó, cual cuento de Andersen, para “permitirse” negociar frente a una variedad de situaciones políticas.

Asombra la capacidad del PSOE de perder votos con el asunto del terrorismo etarra (si exceptuamos el periodo del 11M al 14M cuando, por la atribución de la autoría no demostrada a ETA de los atentados, Aznar fue la víctima de su propia estrategia). Ya los perdió en los noventa cuando, tras poner en marcha una arriesgada e ilegal iniciativa como los GAL, con la que sin embargo muchos ciudadanos estaban de acuerdo (¡!), mantuvo una política de ignorancia, cuando no de desprecio, respecto las víctimas, tanto en las formas como en las pesetas de entonces. Una vez Zapatero en el gobierno, decidió que era mejor tratar de controlar un grupo de presión en el que los socialistas no tenían gran influencia, por lo que nombró a un Comisionado para las Víctimas que al final se retira renqueante sin que haya servido para resolver los retos que se le planteaban y sí para decir frases malsonantes, para solaz de los editores de periódicos.


 

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