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soñar es gratis[3]



Los finales inevitables

En este envite de décadas de duración, o gana ETA o gana el Estado de Derecho. No hay más finales. Otra cosa es que, en el camino hacia cualquiera de los dos resultados, nos llevemos por delante a más cabezas, física o metafóricamente. Y cualquier futuro desenlace tendrá que ser clasificado, necesariamente, en una de estas dos categorías. Otra cosa es que dicho camino se tarde mucho tiempo en recorrer, de modo que sólo los veteranos más aplicados alcancen a recordar la secuencia completa (esto es lo que nos está pasando con el nacionalismo, “tacita a tacita”…). Ahora, si tuviera que decidirme por el que veo más próximo de los dos, no sabría elegir. Y resulta triste pensar esto precisamente ante el comienzo de una tregua, porque a día de hoy no sé exactamente para qué sirve esta tregua. Para la paz, dirán muchos… ¿para la paz verdadera, o la que se gana viviendo de rodillas?

Para mí, el final en el que gana ETA es un final en el que el escenario político o legal está encarrilado hacia las reformas que ellos quieren promover. Ya tienen tarea hecha: la sociedad vasca ya calla o está resignada con muchas de sus muestras de poder, a modo de espejo de su clase política, y ya han logrado el éxodo de cientos de miles de personas no afines a sus postulados (esto sí que es un éxito relevante para los radicales: adversarios que les regalan, poco a poco, el territorio), siguen convenciendo hasta en Madrid con sus buenas esperanzas, porque “a todos nos gusta soñar, y soñar es gratis”. Sin saber si, mientras soñamos, otros pueden estar haciendo negocio.

El final en el que gana el Estado de Derecho es aquel que pasa por la entrega de armas definitiva, sin concesión política previa. La mejor sospecha de este final, de la derrota de los criminales, una escena propia de un vertedero: la de una apisonadora destruyendo las armas entregadas por la banda. Que fue, en su momento, el mejor indicador de la buena marcha del proceso de rendición del IRA en Irlanda del Norte.

En el camino de ese final deseado, muchos pasos de por medio. ¿Muchos? Hemos escuchado que queda “mucho camino por recorrer”; nos queda la duda de si los miembros del gobierno se refieren a interminables reuniones en la madrugada con pocos avances, o si lo dicen porque piensan que hay mucho que repartir. Cuando oigo esa frase, pienso: ¿Zapatero cree que a todos los queda el mismo camino? ¿Cómo podemos permitir esa expresión? Yo sólo distingo un paso, el que conduce a la situación de no-violencia. Una vez allí, muchos pasos para la izquierda radical vasca, que tendría que empezar a convencer, en lugar de doblegar, con sus ideas políticas, sudando por arrancar votos y apoyos como han hecho los nobles partidos que en España han sido. Pero, para mí, un gobierno (ni este ni otro) no tiene legitimidad para negociar, antes de la entrega definitiva de armas, absolutamente nada, porque, aunque no la enseñe, aunque no esté cargada, el terrorista sigue teniendo su arma encima de la mesa. En eso consiste luchar, desde el primer juez hasta el último guardia civil, por derrotar a los asesinos y sus cómplices.

El rédito político

Es evidente que una tregua indefinida como esta –eso es lo que es, y no otra cosa– no supone, a día de hoy, un éxito políticamente rentable, no porque el ciudadano medio tenga certeza de que eso no altera nada el escenario actual, sino porque, con respecto a ETA, la opinión está muy cansada de lo que la banda escenifica cuando suben a las tablas (siempre que no haya muertos, claro está). ¿Qué esperar de Zapatero? Yo le diría que se olvide de volver a querer ganar votos y sólo votos con este tema. Y también diría que nos olvidemos todos de ese infantilmente infundado anhelo de paz, porque nada cambiará hasta que un día, en solemne ceremonia, veamos aparecer, sobre un horizonte literalmente cubierto de armas cortas, una apisonadora. “Y, a continuación, se servirá un vino español”. Soñar es gratis…

 

 

 

 




 

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