relatos del yugo

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la camilla de al lado


::s.t. daroca::

 

Aunque no me conozcan, aunque sea una extraña para ustedes les agradecería que recordaran mi nombre y la historia que a continuación les relato.

Todo sucedió hace un mes, en el Tanatorio todo estaba tranquilo, yo acaba de ducharme en mi taquilla para de esta forma desembarazarme del sudor; me había acostumbrado a recorrer en bicicleta la distancia entre mi apartamento y el tanatorio, ya saben, una chica debe cuidarse.

Los casos del día se recogen en secretaría, vienen apilados para cada uno de los médicos forenses según son asignados por el jefe de Investigación. Según la rutina adquirida antes de dirigirme a la sala forense me dispuse a leer ligeramente el historial de cada uno de los “enfermos” por si alguno de ellos excitaba mi inquieta imaginación. Ninguno de ellos parecía interesante. Me equivocaba.

La Srta. Julia Josefa Saavedra tenía un acusado historial de alcoholemia, pese recién había entrado en los cincuentas, su cuerpo estaba hinchado y aparentaba al menos unos sesenta y cinco años, el color morado de su cadáver mostraba su dependencia en vida. Julia me esperaba en la sala 5, una sala pequeña, dotada con el instrumental mínimo para aquellas autopsias que no requieren un estudio exhaustivo de tejidos; para este análisis no dispondría de Antonio, mi usual ayudante; dado que desde la última reducción de plantilla los ayudantes se destinaban exclusivamente a los casos con derivaciones penales.

Nada más destaparla era llamativa la reciente cicatriz que presentaba en el lado derecho del abdomen, justo en la posición dónde yo debiera cortar para examinar el hígado del paciente. Todavía recuerdo el rechazo que me produjo aquella cicatriz, parecía haber sido cosida por un carnicero. Realicé el corte justo sobre la herida existente y, dado el estado de curiosidad en que me hallaba, decidí prolongar la incisión para de esta forma tener una mejor visión del órgano. Cual fue mi sorpresa al constatar que la vena porta había sido totalmente separada del hígado, aunque éste se hallara en su posición natural y la vena se apoyara sobre él. Evidentemente Julia no habría podido alcanzar viviendo hasta los cincuenta con un hígado tan “libre”. Igualmente me sorprendió el estado del hígado, visualmente no presentaba ninguna anomalía. Los estudios posteriores, una vez extraído, me confirmarían que no presentaba ningún indicio de cirrosis ni acumulación de grasa (hígado graso) derivado del consumo exagerado de alcohol.

Anoté todas estas irregularidades en el documento SP-9 correspondiente para que el servicio de Investigación Forense realizara los estudios necesarios para aclarar estas circunstancias. Dado el cúmulo de incidencias me propuse el enterarme del compañero encargado de este formulario para de esta forma ayudarle en su trabajo, pero me fue completamente imposible dado que ese día se incrementaría sustancialmente el número de “enfermos” por la ausencia, por motivos personales, de un compañero forense.

Tengo que reconocer que durante unas semanas me olvidé del “caso de la Srta Julia”, sin embargo, sucedió que en unas de las múltiples reuniones en la cafetería entre “enfermo” y “enfermo”, me llamó la atención una conversación entre dos compañeros. Durante esta semana ambos se había encontrado ante casos con el mismo historial, en ambos la muerte se había debido al deterioro funcional final de un órgano básico: corazón y pulmón respectivamente. En ambos casos se podía observar una cicatriz, propia de un escalpelo, en el pecho del “paciente” y en ambos el órgano había sido manipulado. Sorprendentemente ambos órganos se encontraban en buen estado, sin rastro alguno de las enfermedades que según los informes e historial habrían sido la causa de la muerte del mismo. Las válvulas del corazón no presentaban ninguna malformación como hubiera sido de esperar si el paciente sufriera de una enfermedad reumática del corazón sin tratamiento; el pulmón se hallaba en perfecto estado como si perteneciera a una joven adolescente y deportista y no a un anciano que había sido sometido a un tratamiento de cáncer de pulmón durante los últimos cinco años


 


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