relatos del yugo

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la camilla de al lado[2]

Durante estas últimas semanas se ha multiplicado el número de expolios, y todos responden al patrón anteriormente descrito. El hecho todavía no ha llegado a la prensa, con lo que, sin duda, esta será la primera noticia que tengan sobre el mismo. El ayuntamiento ha decidido triplicar la seguridad del edificio, pero hoy se ha vuelto ha reproducir otro asalto. La única diferencia es que el corte cada vez es más limpio; parece estar aprendido de las prácticas de cirugía que gratuitamente disfruta.

Esta es la razón por la que me pongo en contacto con ustedes, porque tengo miedo y una teoría. Hace 5 años, la ciudad fue conmocionada por múltiples asesinatos, todas las víctimas eran socias o clientes de las mismas compañías de telefonía móvil, aseguradora de hogar y entidad financiera. Era lo único que les relacionaba, a parte de estar empadronados en este municipio. En cuanto al homicidio en sí, no existía ninguna pauta que los relacionara.

No puedo suministrarles mucha más información dado que nunca me interesaron los sucesos, me acuerdo del caso por dos motivos. El primero de ellos es que una vez que la prensa se hizo eco de la noticia disminuyó drásticamente el número de clientes de las tres compañías, así como el número de personas empadronadas, aunque no disminuyera el número de habitantes de la ciudad. Una vez detenido, durante el juicio se mantuvo totalmente ajeno al mismo, tranquilo y ausente, como si no se estuvieran juzgando sus actos. Únicamente, una vez el juzgado hubo emitido su veredicto de culpabilidad, se levantó ceremoniosamente y, sin necesidad de solicitar silencio o sin ser interrumpido por el juez dijo: “Espero que ahora comprendan el error que supone el permitir que se comparta información personal entre las empresas, el error que supone el permitir la existencia de gigantescas bases de datos cruzadas, nunca sabrán el uso que se puede dar de ellas”.

El segundo hecho nunca llegó a la prensa, me lo comentó mi otrora maestro D. Jesús Julián Arcuello , por aquel momento jefe del Servicio de Investigación Forense. No creo que ustedes sepan que en el caso de ejecución de una sentencia de muerte, la ciudad se reserva el derecho de empleo de los órganos del ejecutado sin necesidad del consentimiento del mismo, pero con su conocimiento. Jesús estuvo presente cuando se le informó del destino de sus órganos y, aunque nunca me pudo transmitir las palabras exactas, me trazó los insultos y amenazas baldías pero, sobretodo, el odio que expresó a que sus órganos fueran insertados en otros cuerpos, de que enfermos de otros hospitales vinieran al departamento de cirugía de nuestro centro, donde se debía realizar la operación, informados mediante sistemas de información compartida.

Jesús como jefe de los servicios y, dado el carácter social de la situación, participó en todas las operaciones. Abandonó el hospital a los pocos días, sin decir adiós. Son casi cuatro años sin sus consejos.

Hoy tengo la certeza de que ambos casos están relacionados. Hoy tengo la certeza que si me dirijo a la sala de incineraciones, dónde se amontonan los cadáveres que no han sido reclamados por familiares, en muchos casos ni reconocidos, me encontraré con cuerpos mutilados, con cicatrices, con órganos ajenos a ellos, con órganos muertos, me encontraré con la “camilla de al lado”.

Me llamo S.T. Daroca.


 


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