relatos del yugo

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confluencias


::marvin benjamin::

confluencias. que yo ande pensando en cómo decirle a mi jefe que no quiero renovar el contrato, decírselo de una manera estándar, sin entrar en los insultos, a ser posible, con unas frases astutas con las que logre cobrar el catalán “atur” en otras ciudades llamado paro. debilidades. que el día 1 de febrero me dé una soberana taquicardia al ser consciente, camino del trabajo, de que este debería ser el último mes, se cierra un ciclo, se cierra un ciclo, se cierra un ciclo. cobardía. que me proponga hablar, hoy, el día 6 con mi jefe pero cuando llega ese día, esta mañana, dejarlo por un buen motivo para mañana o quizás incluso para más adelante porque estaría bien solucionar el tema del alquiler del piso y siempre te piden contrato y sino los avales y otros líos. confluencias. el jefe me llama a las seis y seis minutos de la tarde cuando ya casi levanto el dedo para pulsar el botón de apagar equipo, bajamos a la sala de reuniones y me hace entrega de tres papeles, “quedará rescindida a todos los efectos su relación laboral con esta empresa”. lugares comunes. el jefe utiliza un discurso de manual, la facturación ha disminuido, yo lo debo saber, y la empresa no puede permitirse el sueldo de un ingeniero. (pero en el rótulo sobre el dintel de la puerta se anuncia que nuestra empresa es una ingeniería). a nivel personal, yo lo debo saber, las puertas quedan abiertas.
son precisamente los mismos lugares comunes que andaba yo buscando estos días, le agradecía por las oportunidades que me había dado pero me estaba replanteando mi futuro, estaba considerando mis metas personales y mi relación con la ingeniería. soñar. la semana pasada soñé con este encuentro, soñé que le decía a mi jefe con calma que no iba a renovar y que a él le cambiaba la cara, se asustaba. los científicos dicen que los sueños sirven de entrenamiento, de ensayo, yo ensayaba una situación que ha sido justo al revés.
hoy día 6 tenía planeado hablar con mi jefe pero a causa del miedo decidí posponerlo y hoy día 6, como una bofetada, mi jefe me llamó a la sala de reuniones para decirme que prescindían de mis servicios. las bofetadas duelen. duele no haber sido capaz de manejar el miedo. duele sentirse a gusto en el papel de víctima y salir de la oficina sin decirle nada a nadie y caminar por las calles frías hacia el caixaforum para comprar las entradas para una charla sobre diógenes y encontrarme las taquillas cerradas. confluencias. estos meses que yo deseaba marcharme y hablaba con valentía a lo lejos y con la boca más pequeña a lo cerca, llamaba al servicio de asesoría del colegio de ingenieros, tanteaba el terreno afectivo, estos meses, también mi jefe pensaba en prescindir de mí, en cesarme y los dos habíamos elegido el mismo día para decírnoslo, nos habíamos citado en el mismo lugar sin sospechar las ideas del otro.
esta mañana, con el secreto a punto de reventarme en la boca, por un segundo, hablando con un compañero he pensado en confesarle que no pensaba renovar. una confesión como un gesto a un amigo. mañana tendré que decirle que me han echado. el victimismo, la penuria del repudiado. es fascinante lo fácil que es caer en ella. hay que modificar la historia, empezar con la ficción, me he ido yo, tal como decidí, y he negociado con desenvoltura para cobrar el paro. no, mejor, diré que finalmente me gané esa beca para escritores. la beca ATUR. y después me reiré en alto para que se comprenda la broma.


 



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