| confluencias.
que yo ande pensando en cómo decirle a mi jefe que no quiero
renovar el contrato, decírselo de una manera estándar,
sin entrar en los insultos, a ser posible, con unas frases astutas con
las que logre cobrar el catalán “atur” en otras ciudades
llamado paro. debilidades. que el día 1 de febrero me dé
una soberana taquicardia al ser consciente, camino del trabajo, de que
este debería ser el último mes, se cierra un ciclo, se
cierra un ciclo, se cierra un ciclo. cobardía. que me proponga
hablar, hoy, el día 6 con mi jefe pero cuando llega ese día,
esta mañana, dejarlo por un buen motivo para mañana o
quizás incluso para más adelante porque estaría
bien solucionar el tema del alquiler del piso y siempre te piden contrato
y sino los avales y otros líos. confluencias. el jefe me llama
a las seis y seis minutos de la tarde cuando ya casi levanto el dedo
para pulsar el botón de apagar equipo, bajamos a la sala de reuniones
y me hace entrega de tres papeles, “quedará rescindida
a todos los efectos su relación laboral con esta empresa”.
lugares comunes. el jefe utiliza un discurso de manual, la facturación
ha disminuido, yo lo debo saber, y la empresa no puede permitirse el
sueldo de un ingeniero. (pero en el rótulo sobre el dintel de
la puerta se anuncia que nuestra empresa es una ingeniería).
a nivel personal, yo lo debo saber, las puertas quedan abiertas.
son precisamente los mismos lugares comunes que andaba yo buscando estos
días, le agradecía por las oportunidades que me había
dado pero me estaba replanteando mi futuro, estaba considerando mis
metas personales y mi relación con la ingeniería. soñar.
la semana pasada soñé con este encuentro, soñé
que le decía a mi jefe con calma que no iba a renovar y que a
él le cambiaba la cara, se asustaba. los científicos dicen
que los sueños sirven de entrenamiento, de ensayo, yo ensayaba
una situación que ha sido justo al revés.
hoy día 6 tenía planeado hablar con mi jefe pero a causa
del miedo decidí posponerlo y hoy día 6, como una bofetada,
mi jefe me llamó a la sala de reuniones para decirme que prescindían
de mis servicios. las bofetadas duelen. duele no haber sido capaz de
manejar el miedo. duele sentirse a gusto en el papel de víctima
y salir de la oficina sin decirle nada a nadie y caminar por las calles
frías hacia el caixaforum para comprar las entradas para una
charla sobre diógenes y encontrarme las taquillas cerradas. confluencias.
estos meses que yo deseaba marcharme y hablaba con valentía a
lo lejos y con la boca más pequeña a lo cerca, llamaba
al servicio de asesoría del colegio de ingenieros, tanteaba el
terreno afectivo, estos meses, también mi jefe pensaba en prescindir
de mí, en cesarme y los dos habíamos elegido el mismo
día para decírnoslo, nos habíamos citado en el
mismo lugar sin sospechar las ideas del otro.
esta mañana, con el secreto a punto de reventarme en la boca,
por un segundo, hablando con un compañero he pensado en confesarle
que no pensaba renovar. una confesión como un gesto a un amigo.
mañana tendré que decirle que me han echado. el victimismo,
la penuria del repudiado. es fascinante lo fácil que es caer
en ella. hay que modificar la historia, empezar con la ficción,
me he ido yo, tal como decidí, y he negociado con desenvoltura
para cobrar el paro. no, mejor, diré que finalmente me gané
esa beca para escritores. la beca ATUR. y después me reiré
en alto para que se comprenda la broma.
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